• Beth Rosell

PROCRASTINAR. Mejor mañana, que hoy. (I parte)

El sol brillará mañana… pero también brilla hoy.

Escucha este clásico del musical Annie



Tengo un proyecto importante a entregar el lunes. Ante mí, una tarde perfecta para dejarlo casi terminado, así mañana solo tendré que revisarlo y listo. Con el ordenador abierto y a punto de emprender tal gesta, me llama una amiga, hablo con ella; vuelvo a la pantalla, empiezo a escribir; me doy cuenta de que necesito unos datos: abro internet para buscar el archivo; al abrirlo, compruebo que tengo muchos correos sin leer, leo algunos, respondo otros, dejo muchos para más tarde, o para mañana; me acuerdo de que tengo que llamar al médico para reservar hora de visita, llamo… A todo esto echo un vistazo al móvil por si hay algún mensaje… ¡Dios mío! Cincuenta mensajes nuevos en el WhatsApp, esto de los grupos es terrible… Voy a ver qué dicen, nada… un segundo… y de paso miro Linkedin, Facebook, Instagram…



Cuando me doy cuenta, he consumido todo mi tiempo atendiendo a mis amigos, estando al día de las redes sociales, y otros asuntos irrelevantes -o no- que también tengo que dejar porque llego tarde a una reunión… ya lo haré mañana, que todavía tengo tiempo... Y con un sentimiento de liberación y con otro de culpabilidad, guardo las cinco líneas que he escrito -no sea que se pierdan-, cierro la pantalla y me voy. He procrastinado. Otra vez.


Este es uno de los males del siglo XXI: procrastinar, palabra de difícil pronunciación, con un significado muy lógico. Procrastinar proviene del latín procrastinare, y este, a su vez, de crastinare que significa mañana y pro, delante. Por tanto, procrastinar significa, literalmente, dejar para mañana. Justo lo contrario que nos recomienda el famoso refrán: “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”.


Sin embargo, es cierto que procrastinamos con más frecuencia de la deseada. Ver nuestra serie favorita de Netflix, grabar un nuevo vídeo en TikTok o quedar con amigos no tiene nada de malo. Pero se convierte en un problema cuando estas actividades desplazan a otras que deben hacerse, con o sin fecha de entrega, como estudiar para un examen, presentar un proyecto o reparar algo de casa.


La procrastinación genera angustia, estrés por realizar esas tareas que quizás son importantes y que, ahora, se han convertido también en urgentes. Y lo peor es que las prisas y el hacerlo en el último momento añaden también mediocridad al resultado. Por tanto, procrastinar es, en el fondo, un autosabotaje. Evito acciones que me producen miedo o las cuales no estoy comprometid@ y recibo una gratificación inmediata. Es fácil. Divertido. No hago el trabajo y veo Netflix. No estudio y subo un vídeo a TikTok… Procrastino. Disfrazo mi miedo o mi falta de motivación con excusas.


Así que procrastinar es miedo o falta de compromiso disfrazado de excusas. En ocasiones, excusas razonables, sí. Pero excusas al fin y al cabo.


En otro artículo de mi blog, te explico cómo superar el miedo al miedo. Y en mi siguiente artículo, profundizaré sobre las causas de la procrastinación y te daré herramientas para hablarte de otra manera y conseguir resultados diferentes.


Pero si ya has entrado en bucle y no sabes cómo salir de la procrastinación, no lo dejes para mañana. Contacta conmigo hoy.


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