• Beth Rosell

Cómo superar tu miedo al silencio

Siempre me ha fascinado este canon de Pachelbel

De gran simbolismo para mí. Sin palabras.


Estamos tan acostumbrados a la idea de que hablar en público es HABLAR, que ni pensamos en la posibilidad de usar el SILENCIO como instrumento comunicativo. Este nos da miedo. Lo relacionamos con el bloqueo, la falta de seguridad, el ridículo… Y lo evitamos.

Justo lo contrario a lo que te invito a hacer a partir de ahora.


Así como una partitura puede tener pausas de negra o de blanca, junto con notas musicales blancas, semicorcheas o negras, y le damos el mismo valor tanto al silencio como al sonido, así en cualquier discurso oral, la palabra comunica tanto como el silencio. Más aún, en ocasiones, la palabra comunica más con el silencio. Y el silencio comunica más que la palabra misma.


Pero el miedo a la exposición pública, al juicio ajeno o a hacer el ridículo conducen al orador a una concatenación sin fin de sonidos sin tregua, de palabras infinitas. Una detrás de otra. Sin pausa. Sin tiempo para asimilar el mensaje.


Si cuando hablas en público, lo que quieres es acabar y acabar ya, entonces no estás pensando en tu receptor, que es, al fin y al cabo, la razón y objetivo último de tu mensaje, sino en ti. Y esto no es bueno cuando se habla en público. -¡Piensa en mí- debe de pensar tu receptor -¡Déjame tiempo para entender lo que dices!- Pero no. A menudo, a quien te escucha le toca el arduo papel de concentrarse al máximo en tus palabras para no perderse en los mensajes que le brindas sin descanso alguno. ¡Qué agotador!


Sin darte cuenta, ofreces palabras que ahogan tu mensaje. ¿Es eso lo que quieres?


Y por si esto no fuera suficiente, el miedo al silencio conlleva también la necesidad de llenar con sonido el discurso, introduciendo entre las palabras esas muletillas tan molestas tipo “bueno…” “eeeeeh” … que llenan de ruido el discurso y dispersan al auditorio,


Pero a partir de ahora esto puede cambiar: convierte el silencio en tu aliado y tus exposiciones en público mejorarán de manera exponencial. Con él vas a conseguir:


1. Cautivar a tu audiencia. Si cuando vas a decir algo importante paras y los miras y luego sigues, habrás creado una gran expectación hacia tus palabras.

2. Más impacto en tu mensaje. Tras una idea importante, párate. Duplicarás su efecto entre la audiencia.

3. Destacar lo importante. Si tienes una frase genial, antes de pronunciarla, espera unos segundos. Darás tiempo al receptor a entender que eso es importante.

4. Oportunidad de reflexión. Si lo que quieres es que reflexionen sobre lo que acabas de decir, dales tiempo. Lo necesitan para asimilar tus palabras. No hables a continuación. Silencio, por favor.

5. Aumentar la emoción. Tras una idea que sabes que no será indiferente para quien te escuche, párate y mira al receptor. Esta pausa producirá un efecto de amplificador emocional. No hables o romperás la magia del momento.

6. Mostrar seguridad. Nada como transmitir tu mensaje y callar, para indicar que el ritmo lo impones tú. Y que no tienes ningún problema en hablar, ni en mantener silencio. Te sentirás genial cuando lo pongas en acción.


Así que, si después de todo todavía relacionas el silencio con bloqueo, ridículo e inseguridad es que estás permitiendo que esta creencia te limite las múltiples posibilidades que tienes al comunicar oralmente. Deja atrás estos pensamientos limitantes y no pierdas la oportunidad de usar el silencio a tu favor.


Te sorprenderás cuánto comunicas cuando no hablas.


Y si quieres incorporar el silencio a tus discurso pero quieres acompañamiento en tus inicios, en mi web encontrarás talleres de comunicación oral. Elige el tuyo. Seguro que te gustarán.


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