• Beth Rosell

Cuando un inicio significa un adiós

Actualizado: 31 de oct de 2020

A todas esas madres y padres

que sienten que su pájaro ha iniciado el vuelo fuera del nido.


Os invito a leer este post acompañados con Hard to Say Goodbye de Johnny Simson


Ayer, mientras paseaba por Sant Cugat, me fijé en un escaparate que decía: “La vuelta al cole”. Observé a esas madres con sus niños en edad escolar que elegían con ilusión juntos la mochila a juego con el Roll’eat®. Y sentí añoranza por una etapa para mí ya pasada y vivida con mucha ilusión y muchos nervios. Recordé el primer día de guardería -qué pena Dios mío-; el primer día de P3 -sé perfectamente hasta cómo iba vestido-; el primer día de la ESO, -caminando pálido a su nuevo centro educativo-. …Y por un momento, me dio la impresión de que todo era como siempre. Otro septiembre más. Pero no, este curso no es como siempre. Aunque no es de esto de lo que quiero hablar por ahora.

Porque un inicio escolar no significa siempre un hola a todo. A veces implica un adiós. Me estoy refiriendo a ese momento en el que se inicia un Grado o un Máster en otra población, o un Erasmus en el extranjero. O quizás en el que empieza un nuevo trabajo en otra ciudad u otro país.


Quizás la distancia sea solo de un par de horas en coche o en tren. Quizás volverá los fines de semana. O quizás no. Quizás la distancia está a 3, 5, 8 horas en avión. Y que sea difícil una visita relámpago. Tal vez este inicio implica un adiós hasta Navidad. O hasta junio. O…


Y es cuando implica un adiós más profundo. Un adiós que va más allá de un simple inicio de curso diferente y significa el inicio del vuelo fuera del nido. Y es entonces cuando ese adiós adquiere el simbolismo de un cierre de etapa vital. De un final de esa función adquirida de manera instintiva desde el mismo momento de su concepción y de la cual no hay fecha de caducidad.


Ni siquiera te paras a pensar en este momento. Aparece sin previo aviso. Por eso, cuando este momento llega, te pilla desprotegid@.


Y ¿cómo se gestiona esto? ¿Cómo sobrellevar este papel de espectador/a que te toca representar? ¿Cómo se compagina la alegría genuina del joven que inicia una nueva etapa vital, el piso, la residencia, la universidad, las becas, las maletas, los compañeros de piso, el llévate esto “porsi”, el “te hago una última lavadora para que te lo lleves todo limpio” con el “Dios, cuánto te voy a echar de menos”?



¿Qué te puede ayudar? Aplicar el coaching como herramienta: anclarte en los momentos vividos. En esa tranquilidad de haber disfrutado de todas las etapas, de las experiencias vividas. Cerrar los ojos y recordar esos momentos elegidos por ti para ayudarte en este momento. Para permitirte continuar. Y respirar. Y sentir. Y sonreír.


¿Qué más te puede ayudar? Siguiendo con estrategias del life coaching, pensar en ti. Ser consciente de que ante ti se abre también una etapa de nuevas y sorprendentes oportunidades. Un nuevo curso diferente, pero no por ello menos interesante, emocionante y feliz. Porque todo esto, en el fondo, también depende de ti. De cómo elijas vivir este momento. Depende de cómo elijas tú vivir este momento.



Así que yo elijo la comunicación. Decirle un “que te vaya bien” “nos vemos por zoom, webex, teams” o lo que sea, “envíame un whatsapp cuando llegues”, “te llamo cuando te vaya bien”, “estamos en contacto”, “estoy aquí para lo que necesites”…

Y hasta la vuelta, hijo mío. Te quiero.

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